Nassim Taleb sobre Putin

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Nassim Taleb sobre Putin

ESPERANDO A CONSTANTINOPLA

El anverso exacto de un jefe del sector público como esclavo es un Autócrata.

Mientras escribo estas líneas, estamos siendo testigos de una naciente confrontación entre varias partes, que incluye a los actuales “jefes” de estados de los miembros de la OTAN (los estados modernos no tienen jefes, sino maestros de charlatanería) y al ruso – Vladimir Putin.  Claramente, todos ellos, excepto Putin, deben ser electos y pueden caer bajo el fuego de sus partidos, todos ellos tienen que calibrar cada declaración para que la prensa no malinterprete. Por otro lado, Putin sigue el plan “que se joda el dinero” y demuestra claramente, que se la suda, lo que a su vez le trae más seguidores y más apoyo. En tal confrontación, Putin se ve y actúa como un ciudadano libre contra los esclavos, que necesitan comités, aprobación y que por supuesto aceptan cualquier decisión para subir su ranking. 

La actitud de Putin hipnotiza a sus seguidores, particularmente a los cristianos ortodoxos en Levante, que recuerdan que la flota de Catalina la Grande vino a permitir el tañido de las campanas de la catedral de San Jorge en Beirut. Catalina la Grande fue “el último zar con huevos”, es ella que tomó la Crimea del Imperio Otomano. Antes de eso, los otomanos sunitas habían prohibido a los cristianos tocar las campanas de sus iglesias en las ciudades costeras bajo su control – sólo las aldeas de las montañas inaccesibles se permitieron tal libertad. Estos cristianos perdieron la protección activa del zar ruso en 1917 y ahora esperan que el Bizancio regrese cien años después. Es mucho más fácil hacer negocios con el propietario del negocio que con algún empleado que en un año seguramente perderá su empleo; igualmente es más fácil confiar en la palabra de un Autócrata que de un un frágil funcionario mosca. 

Viendo a Putin yo comprendo que los animales domésticos (y esterilizados) no tienen ninguna oportunidad contra un depredador salvaje. Ni uno solo de ellos. Ignorando las capacidades militares: lo que importa es el disparador.

Históricamente, el Autócrata era más libre y – también como en el caso especial de los monarcas tradicionales en pequeños principados – en algunos casos tenía la piel en el juego para hacer su país más fuerte, actuando mejor que un funcionario elegido, cuya función objetiva es mostrar ganancias en papel. Este no es el caso de los tiempos modernos, ya que los dictadores, conscientes de que su tiempo puede ser limitado, saquean sus países y transfieren los activos para las cuentas en los bancos suizos – como lo hace la familia real Saudí.

Exrtraido del libro “La Piel en el Juego”.