Remeros del rio Volga

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Remeros del rio Volga

1331202361_burlaki-na-volge“…El cuadro de Répin “Remeros del rio Volga” (1871-1873, Museo Estatal Ruso) es una combinación de dos tradiciones épicas: de la tradición etnográfica de Vereshchágin y de la tradición ética de Kramskoi; para decir con más precisión, es una narración del trama de Kramskoi en la lengua de Vereshchágin.

Primero, “Remeros del rio Volga” se perciben más bien como un sensacional circo etnográfico (Vereshchágin incluso tiene un bosquejo de remeros). Es verdad, que los remeros – es un trama típico propio a la “serie de Turquestán” de Vereshchágin, es una crítica de la barbariedad de costumbres: el uso de la gente como bestias de carga es tan salvaje como esclavitud y calabazos, los derviches y los come-opio (los que comen opio). Desde este punto de vista Rusia, que pretende llamarse un civilizado estado europeo, de hecho resulta ser un país “oriental”, el que si no es sujeto a una conquista, por lo menos es sujeto a una reformación radical. Por supusto, es una visión de un observador  extranjero, reportero (o periodista político), turista. Y parece que los “Remeros del rio Volga” esten destinados justo para los espectadores extranjeros. En parte esto se comprueba con la popularidad de los “Remeros” en las Expo Mundiales de 1873 y 1878 (en 1873 en Viena ellos reciben el reconocimiento en forma de una medalla de bronce “Por el arte”). Según memorias del mismo Répin, el dueño del cuadro, que fue el gran príncipe Vladímir Alexándrovich, solía quejarse de lo que la “pared siempre esta vacia”, ya que le “constantemente piden el cuadro para las diferentes exposiciones extranjeras”.

Sin embargo los “Remeros” también pueden ser interpretados éticamente y de modo idealista, en el espíritu de Kramskoi y Yaroshenko, como una comunidad, como un “coro” (multitud de “guardabosques” y “fogoneros” – son cuadros de Kramskoi y de Yaroshenko respectivamente). <…> Tal interpretación del pueblo ruso abarca no solo su fuerza física sino tamibén su humildad, con esto no se trata de humildad resignante, melancólica y desesperada, como en “La última taberna a la entrada a la ciudad”, sino de la humildad tranquila, que somete al hombre – y al pueblo en su integridad – a las leyes eternas de la naturaleza, universo y destino. <…> …El remero remolcando una interminable barcaza travez de los milenios de la historia es la encarnación del hombre ruso par excellence, una metáfora universal.

Lo que en el contexto de Vereshchágin se interpretaba “negativo” (etnograficamente): tanto la tranquilidad épica, como la épica distancia, en el contexto de Kramskoi puede ser interpretado “positivo” (éticamente); en realidad cualquier opinión sobre los “Remeros” es justa. La habilidad de Répin de crear una fórmula universal del gran estilo conveniente tanto al poder como a los intelectuales liberales y a los extranjeros (con sus mitos de Rusia) es asombrosa”.

Extraido  del libro de Alexei Bóbrikov “La otra historia del arte ruso”.